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lunes, 3 de agosto de 2015

EL SILLÓN DEL BÚHO.


Hoy, les presento una sesión del Sillón que en lo personal disfruté mucho, porque nos acompaña en esta ocasión un escritor, que no solo hace libros de uno de mis géneros literarios favoritos,que es la novela negra, sino que también, aún siendo un personaje bastante conocido, en uno de los medios de comunicación más importantes, como lo es la televisión, por el trabajo que ha realizado; me ha demostrado que es una persona con una gran sencillez y amabilidad, no solo por haber permitido que reseñara su libro más reciente, sino porque accedió a participar conmigo, en esta sección.


Muy probablemente muchos de ustedes lo conozcan, sobre todo los que son españoles, pero para los que no; nació en Madrid en 1975. Licenciado en Periodismo y Especialista Universitario en Guiones Audiovisuales, ha participado en programas como Supervivientes, Gran Hermano y Mujeres, hombres y viceversa en calidad de director, subdirector o guionista. También dirigió y presentó En Cinemascope con Blus y Glus en Expansión Financiera TV, fue director y locutor de El cine de fin de semana en España en Radio España, creativo en Europroducciones, crítico cinematográfico de revistas como Travelling, Doble Cero o 40 Magazine y colaboró en el diseño de la campaña del gobierno de Nicaragua Para la juventud, ¡trabajo digno!, en colaboración con el INJUVE, la OIT y la ONU. Actualmente desarrolla formatos para una importante productora de televisión. Con Maldita nostalgia regresa a La Capital, la sórdida y violenta ciudad en la que se desarrollaba su primera novela, Almas Grises.

Podría decir bastante más de este escritor pero creo que es mejor, que directamente los deje en la compañía de:


JUAN LUIS MARÍN


Quien pasa a sentarse y amablemente nos responde, dejando que se conozca un poco más de como piensa:





















1.-¿En tu experiencia, crees que la Literatura ha sido o es superada por la televisión y por qué?


Sinceramente, han ido a la par. Generando consumo. Productos de zapping. De usar y tirar. Que pocos recuerdan. O diferencian. Porque terminan siendo iguales unos a otros. Reality shows y sagas de misterios de templarios hasta en la sopa, programas de cocina y enciclopedias de recetas, spin offsde CSI y la invasión de la novela negra nórdica (de repente todas son la hostia), El tiempo entre costuras y su versión para la tele, Mujeres y Hombres y Viceversa y el boom de las novelas románticas para adolescentes, los desnudos en horario infantil y 50 Sombras de Grey, los youtubers que se convierten en fenómeno editorial, los presentadores que firman libros… 

Se agotan las ideas. Y como ocurre en el cine, todo son adaptaciones. De novelas, de cómics… incluso de juegos de mesa. Con una diferencia: ahora se escriben novelas no pensando en su recorrido editorial, sino en que una productora adquiera los derechos y la convierta en serie de televisión. ¿Y dónde está el secreto? En que los finales siempre sean abiertos. Para una segunda temporada, una tercera… Una mentira. Porque una cosa es crear una historia y dividirla en tres partes para hacerla digerible (y comercial, que es muy difícil vender un libro de 1500 páginas, además de poco práctico) y otra bien distinta exprimirla hasta dejarla seca. Y no reconocer ni su sabor. O tratar de imponer una marca. True Detective estuvo de puta madre. Pero… ¿True Detective 2? Podría haberse llamado de cualquier otro modo. Porque son completamente diferentes. En la literatura ocurre lo mismo. No se crean novelas… sino franquicias. Como Grey, la visión masculina de las Sombras…o La música del Silencio, de Rothfuss. Para que cuando las leas, o veas la tele, no estés pensando en esa historia, sino en la siguiente entrega. O la próxima temporada. Mira Juego de tronos. Al final, el público, o el lector, lo único que espera es descubrir quién morirá al final… no tanto qué ocurre mientras tanto. Y es un error. Porque en cualquier viaje lo importante no es llegar a tu destino, sino qué ocurre en el camino. 


2.- ¿Has sufrido el bloqueo del escritor? Y si es así ¿cómo lo has superado? 

Muchas veces. Y he intentado superarlo con paciencia y leyendo… o leyéndome y adaptándome. 

En el primer caso se trata de darte un respiro cuando se te atraganta la historia, dejar que lo que llevas escrito respire, tanto en el papel como en tu cabeza. No hay nada más absurdo que forzar la máquina, sobre todo si escribes porque te gusta y no tienes plazos de entrega. Entonces lo aparcas, lees, vas al cine, vives… y poco a poco todo se coloca en su sitio y eres capaz de retomar una historia aunque hayan pasado meses. Porque dejar de escribir una novela no significa dejar de pensarla. Hasta que te vuelve a ocurrir… y te tomas otro respiro. O no. Por ejemplo, Isla Perpetua la escribí del tirón, en nueve meses. Tuve la idea principal en la cabeza durante años, madurando, y acababa de regresar de Nicaragua, donde había estado cuatro meses subdirigiendoSupervivientes. Además de otros cuatro en Honduras el año anterior. De modo que mis experiencias allí, de las que también se nutre la novela, eran muy recientes. Estaban frescas. Así que empecé a escribir y no paré hasta poner el punto final. Eso sí, luego vinieron las correcciones… 

El segundo caso, el de leerme y adaptarme… así pude publicar Almas Grises y Maldita nostalgia. Ambas historias fueron antes guiones de cine. Y llegado el momento en que quería escribir pero no sabía qué, decidí convertirlas en novelas. Primero una y años después otra. Yo había escrito esas historias, las conocía mejor que nadie, así como qué les faltaba o sobraba, qué podía desarrollarse más… Personajes. Situaciones. Tramas paralelas. Es un ejercicio que recomiendo porque, además de eliminar el bloqueo, supone todo un aprendizaje. 

Y, por supuesto, la forma más evidente de superar un bloqueo es ver y escuchar. Esa es la mayor fuente de inspiración: el día a día. Pero te la vas a perder si tienes siempre la mirada fija en tu Smartphone, jugando al Candy Crush o chateando con personas que no has visto, ni verás, en la vida. 


3.- ¿Qué personaje de novela negra clásica, crees que podría formar parte de una de tus novelas y por qué? 

Sería difícil quedarme solo con uno… Nick Corey, de las 1280 almas de Jim Thompson, una mente tan brillante como retorcida con apariencia de estúpido que es capaz de manejar a todo un pueblo en su beneficio sin que nadie se entere y sin importarle las consecuencias; Lee, el negro blanco de Escupiré sobre vuestra tumba, de Boris Vian, cuyo sentido de la justicia tras la muerte de su hermano le arrastrará a una espiral de violencia extrema con él como verdugo: el Tyler Durden del Club de lucha de Palahniuk, capaz de vivir al margen de una sociedad que se descompone creando un ejército de jóvenes que encuentra el sentido de la vida en dar y recibir dolor; Harold Angel, el detective privado de William Hjortsberg en Corazón de ángel, perseguido por los remordimientos de algo terrible que no recuerda haber hecho; el asesino AntonChigurh creado por Cormac McCarthy en No es país para viejos; los tres amigos unidos por la tragedia de MysticRiver de Lehane; Sepulturero Jones y Ataúd Johnson, los dos policías capaces de cualquier cosa con tal de resolver un crimen en Todos muertos, de Chester Himes… 

Todos perseguidos por sus fantasmas, acorralados por sus contradicciones, víctimas de una violencia contenida que puede estallar en cualquier momento, capaces de lo peor y lo mejor (incluso Chigurh, perdonando la vida de alguien aunque no sepamos muy bien por qué, lo cual lo convierte en alguien aún más terrorífico). Creo que cualquier ser humano es capaz de cruzar esa delgada línea roja que separa el bien del mal, la cordura de la locura, la luz de la oscuridad… y son los personajes que representan esa realidad los que me atraen, los que me gusta leer y de los que me gusta escribir. Con aristas. Inseguridades. Y deseos ocultos. Sobre todo en novela negra, donde la sociedad lo corrompe todo. Donde incluso los que se creen santos, o son tomados como tales, también odian… y matan. 


4.- ¿Cómo es una tarde perfecta para ti, o crees que no existen esas tardes? 


Una tarde sería perfecta si me tocase la lotería, pero como no juego… Ese es el problema de la perfección. Que deja de serlo si se desea. O se intenta construir. Un cuerpo perfecto nunca podrá salir de un quirófano. Será una vulgar caricatura. Ni una novela perfecta de una escaleta milimétricamente calculada. Sería como un puzle en el que primero se crean las piezas y a partir de ahí el todo. Lo inteligente es crear el todo para luego romperlo en mil pedazos. La perfección no se busca. Se encuentra. En la vida, viviendo. En la literatura, escribiendo. Porque, ¿de qué sirve la perfección de forma… si no lo es también de fondo? Puedes tener el trabajo perfecto, la casa perfecta, el coche perfecto… y ser un infeliz. O escribir una novela con una estructura perfecta (siempre según los puristas) con una historia vacía que no interesa a nadie. Sin alma. Ni personalidad. Porque es como otras tantas. Que cuenta lo mismo de la misma manera y solo cambia los nombres de sus personajes y los lugares en que se desarrolla. 

¿La tarde perfecta? Aquella en que me ocurran un montón de cosas impredecibles. Porque, ¿qué sería de la vida, y la literatura, sin las sorpresas?


Sus novelas se encuentran a la venta en Amazon:





      

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