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martes, 10 de mayo de 2016

CRÓNICAS DEL BÚHO.

"La danza de la sangre"

           Capítulo 1

Hora de trabajar, tío, me digo mientras detengo mi vehículo en la entrada de “Villa Laguna de piedra”, el lugar en donde conseguiré aumentar mi bolsillo.
-El dinero nunca viene mal. Las llamadas de J.MBartolomé no están de más.
Quito el contacto, cierro los ojos y me recuesto unos segundos sobre el asiento. No escucho nada; el ambiente se carga de silencio, y eso me recuerda, una vez más, que es hora de trabajar. Parece que el mundo aclama mi llegada.
Abro los ojos y veo oscuridad, muy querida. Con los años me acostumbré a ella, y solo me aleja de su presencia las tenues luces a la entrada del pueblo. Me recuerdan a la escasa iluminación que se deja ver siempre en el recinto ferial del barrio. Pocas ganas de aflojar la pasta para ofrecer a los habitantes un poco de vida…
Enciendo un cigarro y dejo que su aroma me transporte a un universo de tranquilidad, como si estuviese fumando algo más que tabaco.
Al abrir la guantera me veo envuelto en un mar de recuerdos. Mis armas requieren de mi compañía: mi navaja, mi daga Matamuertos y mi automática.
-¿Habéis echado de menos a papi? –pregunto sin la esperanza de que respondan. Será mejor ponerse en marcha, no sin antes, darle un buen trago a la botella de whisky que descansa en solitario. Raspa mi garganta, la quema lo necesario y me incita a emitir un “ahagpp” del que podría salir fuego.
-Esto es vida.
Pero mi misión consiste en evitar la muerte.


*****

Salgo del coche, y nada más cerrar la puerta y respirar aire puro, procedo a repartir a mis aliadas por todo mi cuerpo. La navaja en su lugar correspondiente: en la caña de la bota izquierda; la daga, en la derecha. Y la pistola –la que recargo, apiñando los ojos por culpa del humo del cigarro que asciende y los daña- atrás, bien sujeta en la cintura.
-Esto ya lo he hecho más veces, sí.
Doy una extensa calada al cigarro a la vez que camino. Miro al firmamento y veo un redondel blanco-azulado, una bola de fuego exenta del color llamativo del infierno; sin embargo provoca esa sensación. La noche se antoja cálida, pero en su reinante tranquilidad atisbo un baile sangriento.  
“En primavera la sangre se altera”.
Es verano. No se altera, sino que más bien, se revela y desea salir a borbotones. Demasiado tiempo estancada en la carótida, y es hora de explotar, como un termómetro de mercurio sobrepasando los 43º; demasiado tiempo golpeando las paredes de la caja torácica, igual que el tambor de una lavadora salpicando agua en cada vuelta. Es hora de salir y que el mundo vea lo importante que es el interior. Cuando salga, los que no me tenían en cuenta me echarán de menos.
En mis manos está que la sangre siga recorriendo el circuito de carne y hueso, para eso me han alertado.
Llego hasta la puerta, momento en que giro la cabeza para mirar atrás, al pasado de hace segundos. Está todo oscuro; mi coche queda envuelto entre nubes negras, y solo sé que sigue allí porque yo mismo lo he aparcado, si no, podría jurar que la penumbra posee boca y se lo ha tragado.
Al mirar al frente aflora la luz; la tenue luminosidad se va ensanchando en un camino de claridad. Me deja ver los dos lados en los que se divide el pueblo: casas molineras a derecha e izquierda; la luz es tan retorcida como perfecta, dándole a las casas un toque aviejado y algo molesto para la vista.
Miro la colilla de cigarro que sostengo entre mi pulgar e índice de la mano derecha.
-Hasta aquí tu viaje.
Cambio el índice por el medio, lo empujo hacia abajo con el pulgar y suelto, como si fuese a golpear una canica. El cigarro consumido sale volando, impacta contra la casa que tengo a tres metros de mí y, al chocar, me regala unos segundos de fuegos artificiales de, esta vez sí, el color del infierno.
-Fuego…
Caliente, caliente como la sangre.
   

Capítulo 2


Me adentro por la pasarela que se presenta ante mí, y me siento como el ingrediente principal de un perrito caliente: amarillo por los lados, como el pan de molde; y luego yo, asado por el sofocante ambiente.
            -Hace una noche criminal –digo mientras me enjugo el sudor de la frente con mi brazo remangado. Cuando lo bajo, resoplo mientras miro cómo un pegote de vello destaca entre el resto creando formas enrevesadas que, si miro con atención, me hacen alucinar como si caminase por el desierto y la sed me hiciese ver espejismos.
            Es de noche pero el calor derrota mi cuerpo de igual manera que los abrasantes rayos de sol sacuden con fuerza a las cinco de la tarde. Es complicado trabajar así; me cabrea, me hace protestar y hasta gritaría de desesperación.
            Si este pueblo desierto es capaz de leerme la mente, puede abrirse la tierra y tragarme con ella. Acabo de oír un grito, un grito de desesperación, o tal vez es un grito de terror.
            Agudizo el oído y me pongo en guardia.
            Se acerca…
            A lo lejos se forma una mancha que va creciendo; es una especie de aspa. El sonido del grito se acerca junto a ella.
            -Una mujer –me digo, y efectivamente, todo lo indica cuando la veo más de cerca. Distingo su cabello bailoteando de un lado a otro en la carrera que trae; parecen las olas del mar, pero embistiendo con vivaz energía. Sus brazos apenas se mueven, son dos agarrotados palos en cruz. Lo que aumenta, y cala hondo dentro de mí, son sus salvajes gritos.
            -¡SOCORROOO! –Lo acompaña un alarido de terror que eriza el vello de mis brazos a la vez que un sobrecogedor escalofrío recorre mi espalda.
            La veo más de cerca. Viste un top y minifalda.
            Bonitas piernas, pienso en lo que la chica intenta respirar. Si continúa así, lo más fácil es que hiperventile. Tiene el rostro blanco a excepción de las lágrimas entintadas que recorren sus retorcidas facciones, como dos diluidas acuarelas de color negro.
            El rímel hace estas cosas…
            Empieza a hipar; quiere hablarme, pero no le sale nada más que grititos entrecortados, la reserva del gran aullido que venía emitiendo.
            -Es… Tiene que… Allí… -Intenta por todos los medios soltar algo en claro, pero no lo consigue. Su labio inferior tiembla, y esto hace que las lágrimas de tinta que descansan en su barbilla tiriten como si pasasen frío-. En el bar… Yo… De pronto… ¡ESTÁN MUERTOS! –Consigue gritar; se derrumba de rodillas, las lágrimas afloran con fuerza y la negrura ocupa buena parte de su cara. Su boca queda entreabierta, dando la sensación de ser un flácido pedazo de carne con dientes. Dos hilillos de baba, indecisos a romperse, unen sus temblorosos labios. Agacha la cabeza pero mantiene las manos abiertas, como haciendo Yoga pero con espasmódicos movimientos en el tronco. De pronto queda muda. No sale nada de su boca; sin embargo, el movimiento de hacer como que llora, perdura. No actúa, simplemente ya no tiene fuerzas para gritar más.
            -Venga, muñeca, tranquilízate –digo-. Respira y dime: ¿quiénes están muertos?
            -To… to (hip)… dos. – Cierra un poco más la boca e intenta respirar-. Han muer… to (hip) to…dos.
            Se incorpora. Da dos pasos adelante, luego a un lado y después a otro. No se tranquiliza.
            -Deja de moverte, me estás poniendo nervioso –advierto-. ¿Quiénes son todos? Dime qué ha pasado.
            Sigue moviéndose. No recupera el color.
            -Dime.
            -Estaba bailan…do –Recupera un poco el habla. No obstante, no deja de moverse-. Cuan…do de repente… ¡PLUM! –Se detiene ante mí. Los ojos que veo son de auténtica demente, azules como dos perlas preciosas, pero tan llamativos que da verdadero terror contemplarlos de cerca-. ¡ALGO GIGANTE HA ENTRADO Y HA DEVORADO LAS CABEZAS DE LOS…! –Deja de contarme para volver a gritar-. ¡LOS HA DESTROZADO! Se… se… se los… ¡NO SÉ QUÉ ERA ESO!
            Miro al cielo en lo que ella continúa con su historia; la tengo como telón de fondo y soy capaz de escucharla mientras contemplo la luna. Si estoy en lo cierto, sé de qué me habla.
            -¡Y BRAMABA! ¡HA SIDO HORRIBLE! Te… tenía garras. ¡GARRAS TAN GRANDES COMO TUS DOS BRAZOS! Y…y… un…
            -¿Era un lobo? –la interrumpo.
            -¿Un lobo? –repite mi pregunta-. ¡NO! ¡ESO NO ERA UN ANIMAL, ERA UNA BESTIA! ¡UN MONSTRUO!
            -Un hombre lobo.
            -¡¡NO SÉ LO QUE ERA!! Pero los ha… -Se lleva las manos a la cabeza; cierra los ojos y suspira-. Los ha matado. Era san… era sangre por todas partes. El escenario se ha llenado de sangre y… ¡HA SIDO HORRIBLE!
            -Un licántropo haciendo de las suyas… -dejo caer-. Hora de enterrarlo.
            -¿Eh? –Por fin cierra la boca. Es la primera vez que desaparece la tensión que acumula en el rostro.
            -Coser y cantar, niña. Déjaselo a un maestro. Esa bestia peluda dirá amén en poco tiempo. –Saco la pistola y la froto con suavidad.
            -Pe… ¡Estás loco! –me grita-. ¿Cómo vas a matar tú solo a algo así? ¡Se ha cargado a más de treinta personas! ¿Quién te crees que eres?
            -Silencio.
            -¡No me mandes callar!
            -Soy Jonathan Silencio.
            La chica hace caso a mi apellido. No habla.
           
             CONTINUARÁ.............

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14 comentarios:

  1. Wuawwwwwwwwwww
    Impone.
    Y eso que no es "mi género".
    :-)

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    1. Gracias Mary Ann, por pasarte por aquí, en verdad lo aprecio mucho. <3

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    2. ¡Muchísimas gracias! Espero que los siguientes capítulos también te inquieten jajaja

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  2. Terrorífico, sin duda hace honor a la saga de José M Bartolomé, Jonathan Silencio. ¡Felicidades amigos!

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    1. Muchas gracias Frank! Un abrazo muy fuerte.

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    2. ¡Muchísimas gracias, compi! Un abrazo, campeón :)

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    1. Mañana dos más :D Me alegra mucho que te esté gustando.

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    2. Me alegro de todo corazón. Gracias, compi. Un abrazo fuerte :)

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  4. IMPRESIONANTE. Esperando más. Me ha mantenido en tensión.

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    1. Muchas gracias por leer Dolors! :D

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    2. Muchas gracias, espero que los siguientes capis también te mantengan en tensión :)

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  5. Excelente, no es mi género y me atrapa.

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